Menos sucursales, créditos y depósitos… ¿O sea un banco?

¿Se imaginan que su banco no tuviese áreas de trabajo?No es tan bien difícil. Desde hace unos años, el cierre de sucursales –y el traslado de los clientes del servicio a otro punto de atención– fué incesante. Pero, ¿se imaginan un banco donde por el momento no prima la comercialización de una hipoteca?E inclusive mucho más. ¿Un banco al que solamente le resulta interesante hallar mucho más dinero de sus clientes del servicio por medio de los depósitos?Lejos de imaginar, familias y compañías ven las supones de las entidades financieras.

Los cambios mediante los ERE que negocian múltiples firmas estas semanas no son mucho más que la punta del iceberg del nuevo sistema de finanzas: menos presencia caminando de calle. Pero en el trasfondo llegan otros varios cambios que prosiguen impresionando en el día a día de los clientes del servicio, en menoscabo de la financiación tradicional y la captación de dinero, y bajo el impulso de los seguros, las inversiones y otros artículos pujantes que el campo capacidad.

Si bien el coronavirus se convirtió en el chivo expiatorio para justificar cualquier cambio, la verdad es que en la situacion de la banca ahora se venía advirtiendo ya hace múltiples años. Aun prácticamente desde la previo crisis financiera de 2008. Ahí han comenzado a mutar los registros estadísticos de áreas de trabajo, usados, hipotecas… Para Joaquín Maudos, directivo adjunto de Investigación del IVIE y catedrático de Argumentos del Análisis Económico en la Universitat de València, «no hay un cambio de modelo de negocio atribuible de forma exclusiva al encontronazo de la pandemia, más allá de que hace más rápido procesos que vienen de atrás como la intensidad de la digitalización y sus efectos en la manera de tener relaciones con los clientes del servicio».

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Además de esto, si los bajos géneros de interés ahora han comenzado a enraizar ya hace prácticamente una década (más que nada desde 2014), en este momento «persiste en el tiempo el ámbito de bajos tipos que presiona los márgenes y la rentabilidad y ordena a ganar eficacia recortando costos, como se vió con las fusiones y el aviso de cierre de áreas de trabajo y reducciones de plantillas», enseña Maudos. Mantiene que «el modelo de negocio cambia desde uno en donde es el margen de intereses la primordial fuente de capital a otro donde son los capital diferentes a los intereses, como las comisiones».

A absolutamente nadie le sorprenderá ahora de qué forma los bancos promocionan toda clase de modelos financieros que siempre y en todo momento estuvieron en la recámara pero jamás eran tan extendidos, como los seguros (turismo, hogar, vida, salud), los fondos de inversión, los proyectos de pensiones o las carteras bursátiles. Todos ellos, máximos exponentes de las comisiones que llevan adjuntas.

Atención mucho más enfocada

Las últimas resoluciones comunicadas por firmas como CaixaBank y BBVA –Sabadell presentará su plan estratégico a fines de mes con previsibles reestructuraciones– van por el sendero de continuar clausurando áreas de trabajo. En este momento queda un 50% de las mucho más de 45.000 que había en el momento en que empezó la previo crisis. Yello supone la salida de parte de las plantillas. La banca cerró 2020 con 171.000 trabajadores, un 40% menos que 13 años antes. Francisco Uría, colega responsable global de banca y mercados de capital de KPMG, apunta que «la transformación digital es la de los propios bancos, que están mutando». Aclara que «cada vez somos menos presenciales, como lo es nuestra sociedad, lo que perjudica al parque de áreas de trabajo y sucede que, si ahora hay, tras la pandemia, cerca de un 60% de clientes del servicio que usa los canales digitales, ese porcentaje emplea cada vez menos las sucursales. Además de esto, los bancos precisan un nuevo género de áreas de trabajo, mucho más enormes, con aptitud de venta y consejos, y menos transaccionales». En este sentido, Joaquín Maudos aclara que «primará el consejos, si bien frecuentemente a distancia». Comprende que «en este preciso momento poseemos la segunda red de áreas de trabajo mucho más espesa de la UE (en concepto de pobladores por oficina) y con las áreas de trabajo mucho más pequeñas (en concepto de usados por oficina)».

Pero el modelo está mudando alén de los puntos de atención al usuario. Su punto fuerte por el momento no está en vender créditos y capturar ahorros, como habían hecho de siempre. «Las entidades habituales arrastran una composición y sistemas costosos, pese a las sinergias de la creciente concentración, y el negocio core del banco minorista, o sea prestar dinero y tomar depósitos, por el momento no es productivo», enseña Laura Baselga, maestra de finanzas de Deusto Business School.

Esta especialista cree que «el negocio semeja que se está diversificando hacia otros servicios financieros ‘no bancarios’ como los seguros», asegura. Y, en este sentido, «la venta cruzada se da en todos y cada préstamo que conceden, progresando las condiciones a quienes agregan seguros del hogar y vida a sus hipotecas».

Menos ganas de endeudarse

Además de esto, la población viene de un desarrollo de desendeudamiento, asimismo derivado de la previo crisis, por el que no hay tanta necesidad de hipotecas o créditos como antes. La adquisición de casas no ha regresado jamás a la burbuja del año 2007, hay mucho más prioridad por el alquiler y adentrarse en una inversión tan costosa a muchos años vista no es exactamente la expectativa de las novedosas generaciones, con empleos precarios.

No un depósito ya es lo que era. Con la crisis del coronavirus, el dinero ahorrado por las familias se ha aumentado exponencialmente al no poder gastarlo por las limitaciones de actividad. Ello, unido a la penalización del BCE a la banca por tener depósitos, les transforma en una suerte de hándicap. Uría mantiene que «el atrayente de los depósitos, si bien coyunturalmente hayan alcanzado escenarios históricos, degenera aun para las entidades». «Hace no bastante eran un negocio y en este momento son un coste», enseña. «Es algo coyuntural, si bien será una coyuntura extendida», precisa. 

Para Maudos «no es productivo capturar depósitos pues no hay demanda de crédito que los absorba». En ciertos casos, los bancos cobran a clientes del servicio empresariales por este producto. «De ahí el interés de los bancos en recompensar que los clientes del servicio movilicen sus depósitos hacia fondos de inversión que les reportan comisiones», enseña Maudos, quien mantiene que las inversiones se enfocan en este momento a todo cuanto tenga mucho más oportunidad de comisiones, como seguros o fondos de inversión o algún otro producto.

Criptomonedas, fintech… la rivalidad por el momento no está muy cerca

Los nuevos bancos por el momento no tienen tantas áreas de trabajo como antes, ni tienen en las hipotecas su enorme baluarte, ni se pelean por capturar ahorros de sus clientes del servicio. Por el momento. Tampoco luchan entre ellos por hacerse con mucho más cuota de mercado. En este momento la rivalidad puede hallarse en algún sitio recóndito del otro lado de la Tierra. Se terminó la etapa de ver de reojo a la sucursal de enfrente para entender qué vende y de qué manera capta clientes del servicio. En este momento la pelea financiera está en las redes y también Internet.

Esa rivalidad está, por servirnos de un ejemplo, en el momento de dar financiación. Joaquín Maudos, directivo adjunto de Investigación del IVIE y catedrático de Argumentos del Análisis Económico en la Universitat de València, resalta que la inversión que mucho más va a medrar más adelante «es en activos intangibles», como I+D, bases de datos, programa, capacitación, estudios de mercado, diseño… «La banca deberá cambiar si no desea perder ese nicho», señala. Por el hecho de que, a su juicio, «la inversión tangible (maquinaria, inmuebles) es la favorita por la banca pues acepta menos peligro por las garantías que aportan esos activos, pero acorde esos activos pierdan peso, la banca debe cambiar de enfoque y de modelo de negocio». En este momento «deberá estudiar a apreciar mejor ese género de activos», enseña Maudos.

Para Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas, «nos encontramos asistiendo a una disrupción absoluta por la cuarta revolución industrial con el tema de la informática, algo que supone las novedosas tecnologías». Mantiene que la banca clásico asimismo se queda sin capturar una parte de las operaciones recientes «pues hay novedosas fintech que facilitan la operativa, rebajan las comisiones y tienen transparencia instantánea». Pedraza reitera que que «la enorme incógnita del ámbito está en de qué manera va a ser la banca digital».

En este sentido, Laura Baselga, de Deusto Business School, aclara que «hay un origen tecnológico de esta transformación» bancaria. Por un lado, la tecnología ‘blockchain’, la IA (inteligencia artificial) y las apps peer to peer (P2P) en los móviles inteligentes. «Todas y cada una ellas han perjudicado al modelo de la banca clásico». Aun en la situacion de la IA (inteligencia artificial) lo hizo tanto que «ha desembocado en hurto-advisors, capaces de llevar a cabo una adecuada planificación financiera a través de algoritmos y prácticamente sin intervención humana».

Y como nuevo enorme contrincante, que se fué enraizando en el sistema económico mundial, subyacen las criptomonedas. Esta semana tomaron importancia una vez que Tesla haya paralizado operaciones con estas percibes virtuales por el alto encontronazo energético que suponen los mega-ordenadores que efectúan sus operaciones.

No obstante, el reto prosigue ahí para la banca. En este sentido, Francisco Uría, de KPMG, señala que «la transición será considerablemente más rápida» de cuanto podamos meditar. «El yuan chino va a ser una situación próxima, pues ahora están en pilotos masivos, y también igual que Libra fue un catalizador a fin de que los bancos centrales empezaran a investigar la emisión de monedas digitales, el nuevo yuan digital acelerará la emisión del dólar y del euro digital», enseña. Uría adelanta que en el momento en que tengamos esa situación enfrente de nosotros, deberemos ver «los efectos que va a tener, por servirnos de un ejemplo, en el planeta de los sistemas de pago», como las tarjetas, pero asimismo su encontronazo en los depósitos y los monederos virtuales con los que no se precisaría la libreta de siempre… otra rémora bancaria.

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