¿Sabías que matamos microbios aumentando nuestra temperatura corporal?

Sí, matamos microbios aumentando nuestra temperatura. La primera pregunta que nos viene a la mente es ¿por qué no mantenerla siempre alta?

La única manera del cuerpo tener la temperatura alta es mediante la fiebre o pirexia. Este es un signo médico que se manifiesta cuando el ser humano tiene una temperatura superior a la considerada normal (hipertermia).

Por lo general es la respuesta del organismo a agentes de naturaleza infecciosa (que es lo más frecuente) o a causas no infecciosas (toxinas de resorción, lesiones en ciertos territorios nerviosos, etc.). Es el signo médico más común en enfermedades infecciosas.

¿Qué se siente cuando se tiene fiebre?

Tienes fiebre cuando la temperatura aumenta por encima del rango normal. Lo que es normal para ti puede ser un poco más alto o más bajo que la temperatura normal promedio de 98,6 °F (37 °C).

Según lo que causa la fiebre, los siguientes pueden ser otros signos y síntomas:

  • Sudoración
  • Sensación de frío y escalofríos
  • Dolor de cabeza
  • Dolores musculares
  • Pérdida de apetito
  • Irritabilidad
  • Deshidratación
  • Debilidad general

Básicamente, el aumento de temperatura permite acabar con muchos microbios. Entonces, ¿por qué sencillamente no vivimos un poco más calientes para así evitar estar permanentemente infectados por ellos?

matamos microbios aumentando nuestra temperatura

Gasto energético

La respuesta por la que no elevamos nuestra temperatura corporal uno o dos grados centígrados a fin de defendernos preventivamente de los microbios invasores básicamente es que resulta demasiado costoso.

Como explica Bill Bryson en su libro El cuerpo humano, solo elevar nuestra temperatura corporal 2 ºC de manera permanente supondría un requerimiento de energía alrededor de un 20 %:

La temperatura que tenemos representa una razonable solución de compromiso entre utilidad y coste (como ocurre con la mayoría de cosas), y, de hecho, incluso nuestra temperatura normal resulta bastante eficaz a la hora de mantener a raya a los microbios. Baste pensar con qué rapidez empiezan estos a pulular y a devorarnos cuando morimos: ello se debe a que nuestro cuerpo inerte decae a una deliciosa temperatura que constituye una auténtica invitación para ellos, como un pastel que se deja enfriar en el alféizar de una ventana.

También se produce vasoconstricción para conservar el calor y un aumento de producción de calor a través de la contracción muscular. Por eso, a veces tenemos temblores.

En conclusión si matamos microbios aumentando nuestra temperatura, pero mantener nuestro cuerpo constantemente unos grados más caliente de lo normal nos puede traer más problemas en nuestra salud que beneficios.