Brahim Gali, el tolerante incómodo

El domingo 18 de abril un avión medicalizado que viene de Argel aterrizó en el campo de aviación de Zaragoza. Dentro viajaba un tolerante de 72 años dificultosamente enfermo de Covid. Le se encontraba aguardando una ambulancia del Servicio Riojano de Salud. Lo bajaron del avión, lo introdujeron en el vehículo sanitario y lo trasladaron por la autopista AP-68 al hospital San Pedro de Logroño, a 180 km de distancia. Ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos. Fue registrado con el nombre de Mohammed Benbatouche, súbdito argelino. Hubo revuelo de maletas, diálogos silenciosas, órdenes superiores. Los trabajadores del centro sanitario logroñés intuyeron en seguida que el tal Benbatouche no era un enfermo común.

No duró bastante el suspense. El 22 de abril, la gaceta ‘Jeune Afrique’, publicada en París y con geniales contactos en los servicios misterios marroquíes, desvelaba que el enigmático tolerante ingresado en Logroño era de todos modos Brahim Gali, jefe del Frente Polisario y presidente de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que había entrado en España merced a un convenio misterio entre Argel y La capital española. Para complicar mucho más aún la trama, ‘Jeune Afrique’ apostillaba que Alemania se había negado en un primer instante a recibir a Gali y que el Gobierno español había accedido a brindarle atención sanitaria.

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La utilización de una falsa identidad no fue una pura coquetería, sino más bien un intento al final fallido de que absolutamente nadie se enterara de la maniobra. El Ejecutivo de Sánchez arguye nublosos «fundamentos de seguridad», pero probablemente haya primado el deseo de eludir un contencioso con Marruecos, país que ocupa ilegalmente el Sáhara Occidental desde 1976 y para el que Gali es un enemigo público. Quizá esta intención de extrema discreción explique asimismo la decisión de Logroño como inopinado destino sanitario. Procuraron una localidad pequeña, periférica, alejada de los focos políticos y mediáticos, pero con un hospital resuelva, que pudiese ofrecer un régimen conveniente a un individuo con un difícil historial clínico.

La filtración publicada en Jeune Afrique dejó al Gobierno español descolocado y balbuciente, como un niño al que cogen en medio de una travesura. La ministra de Temas Exteriores, Arancha González Laya, no tuvo mucho más antídoto que admitir secamente que habían acogido a Gali «por causas humanitarias». La indignación marroquí fué subiendo de tono y amenaza con enturbiar completamente las relaciones con Rabat, cuya colaboración es fundamental en el control de la emigración y en la pelea contra el terrorismo yihadista. El ministro alauita de Temas Exteriores, Nasser Bourita, acusó al Gobierno de Sánchez de «maniobrar por la espalda». Los nueve partidos con representación en el Parlamento marroquí difundieron un aviso grupo para censurar la actuación «inaceptable y provocadora» de España.

Causas atentos

Pero no solo Marruecos puso el grito en el cielo. En relación tuvo conocimiento del ingreso de Brahim Gali en el hospital San Pedro de Logroño, la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Canarias (Acavite) demandó su detención instantánea, acusándole de ser el instigador de «los ametrallamientos, homicidos, raptos masivos y desapariciones de tripulaciones en mar adentro de marineros canarios desde 1973 hasta 1986». En esos años, el Frente Polisario atentó contra los trabajadores de las minas de fosfatos de Bucraa, una explotación colonial que había sido nacionalizada por Marruecos. Fallecieron múltiples camioneros españoles, considerados «colaboracionistas con la capacidad ocupadora».

Además de esto, el Frente se atribuyó el abordaje de múltiples pesqueros canarios o gallegos (el ‘Saa’, el ‘Las Palomas’, el ‘Garmo Mar’), cuyos marineros fueron secuestrados y trasladados a Tinduf (Argelia), donde llegaron a mantenerse múltiples meses recluidos hasta el momento en que fueron liberados tras acordar con el Gobierno de La capital española. El Frente aun aceptó haber ametrallado los pesqueros españoles ‘Junquito’ y ‘Andes’, y provocado 2 fallecidos: el contramaestre Guillermo Batista Figueroa y el marinero José López. Para las víctimas canarias, Brahim Gali, entonces ministro de Defensa de la RASD, fue el promotor de esa ofensiva.

Mucho más apremiantes resultan las demandas de múltiples ciudadanos saharauis con nacionalidad de españa, que le culpan de crímenes en teoría realizados en los campamentos de Tinduf (Argelia), controlados por el Frente Polisario. El magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha reabierto una demanda interpuesta por uno, Fabel Breica, por detención ilegal y torturas. Según apunta Europa Press, Pedraz ha mencionado a Gali para declarar como investigado el 1 de junio… si su estado de salud lo deja. Otra demanda, presentada la Asociación Saharaui para la Defensa de Derechos Humanos contra Gali y 27 líderes mucho más del Frente Polisario, fué archivada en un par de ocasiones por no poder hallar a los demandados. Al conocer el paradero de hoy de Gali, sus promotores han pedido su reactivación.

Entretanto, en el hospital San Pedro de Logroño se viven situaciones inusuales: el pasado sábado 1 de mayo, tres saharuis que afirman ser víctimas del Frente Polisario burlaron el confinamiento perimetral para soliciar en frente de las puertas del hospital la detención de Gali. Lemadla Salem, Mohammed Trazim y Bachir Abdi desplegaron sus pancartas frente a la mirada asombrada de quienes aguardaban turno para ponerse la vacuna. Mohammed, natural de El Aaiún, exclamaba que él había sido encarcelado en múltiples cárceles segregas del Polisario. Lemadla, natural de los campos de asilados, explicaba que nunca conoció a su padre, Kori Mohammed Salem.Lo metieron en la prisión de Rachid, en los territorios controlados por el Polisario, antes que naciese. «Compañeros suyos en la prisión me aseguran que murió en el mes de abril del 89, que tras vivir muchos años bajo tierra y de que lo torturaran se encontraba enclenque como un pájaro. Me siento un par de veces víctima –resumía Lemadla–. Primero de Marruecos y después del Polisario».

Mientras que Lemadla, Mohammed y Bachir se ponían en la entrada primordial del hospital San Pedro y desplegaban sus cartelones, múltiples policías nacionales de paisano los observaban atentamente. Entonces abordaban, identificaban y también interrogaban a quienes hablaran con ellos.

Lejos de amainar

Para los representantes del Frente Polisario y los defensores de la República Árabe Saharui Democrática, todas y cada una estas acusaciones son puras invenciones instigadas por Marruecos. El encargado del Frente en La Rioja, Abdulahe Hamad Jlil, confiesa que no ellos habían tenido perseverancia del traslado de su líder a Logroño y niega validez a las demandas: «Se fundamentan en hechos injustificados que llevó a la Justicia una ONG promarroquí. Ese país quiere invertir los términos de la verdad, en el momento en que los auténticos delincuentes son ellos y el pueblo saharaui, la víctima».

El enredo diplomático está aún lejísimos de amainar. Marruecos presiona poco a poco más y el Gobierno español, claramente incómodo, afirma haber dado ahora todas y cada una de las explicaciones pertinentes. Mientras que los teléfonos arden en las cancillerías y el juez Pedraz repasa los expedientes, en una cama del hospital San Pedro de Logroño, el hombre que se hace llamar Mohammed Benbatouche libra en silencio su guerra contra el Covid. Prosigue en la UCI. No hay partes médicos ni información oficial. Todo es opaco y también dudoso, como en una película de espías.

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