Azadas que no se ‘viran’ y rastrillos mucho más altos que no machacan la espalda

«A lo largo de la pandemia la multitud se ha volcado en sus jardines y en sus terrenos. Hemos vendido un 20% mucho más de tijeras, que es la herramienta clave. La usan tanto los que tienen plantitas aromatizadas en el balcón para añadirlas a las salsas o a los gintonics, como el que tiene un limonero», cuenta Beatriz Rodríguez, responsable de agricultura y jardinería de Bellota Herramientas de Mano, compañía centenaria (se creó en 1908) y una referencia en la fabricación de herramienta agrícola.

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Llevan cien años vendiendo azadas y rastrillos. Exactamente los mismos, pero amoldados al campo de el día de hoy. «Los rastrillos que contamos en este momento en el mercado miden 1,50 y son mucho más largos que los de antes (1,20). No es solo que la estatura media de los españoles haya incrementado, es que la multitud del campo tiende a agacharse enseguida, pero con un palo mucho más largo tienen la posibilidad de sostener una situación mucho más cómoda y forzar menos la espalda», enseña.

La versión mucho más actualizada de las hachas que venden «llenan mejor la mano en la región del mango, lo que provoca que te duela menos y que logres trasmitir mejor la fuerza al no ‘bailarte’ la herramienta». Con las azadas el reto era que no se giraran, y le dieron solución con un sistema de doble pestañita en el mando y en la cabeza. «La madera es un factor vivo que tiene una reacción a la variación de temperatura y humedad. En el momento en que los labradores iban a utilizar la azada acostumbraban a meterla la noche previo en un balde de agua a fin de que se ‘hinchara’ la madera y, de esa forma, no se girara al manejarla. Y aún de esta forma debían terminar fijando el mango con harapos, trozos de cuero, cuñas… Con este sistema de pestañitas el efecto es que las dos partes encajan como en un puzzle y no se desplaza». Y a esas tijeras que les solicitan les han aplicado un «doble material, mucho más rugoso por exterior, de forma que se sujetan mejor», enseña Rodríguez.

Cambios «pequeños» y testados con los clientes del servicio. «Antes de cambiar los modelos charlamos con los labradores, que nos dicen qué unas partes del cuerpo duelen o se resienten mucho más con el trabajo del campo y, sobre ese ‘mapa’ de dolores, se diseñan modelos mucho más ergonómicos».

– ¿Lo mucho más nuevo en herramienta que esté vendiendo?

– Unas horcas que dejan ‘romper’ la tierra a fin de que se renueve y se airee pero sosteniendo las capas y, por consiguiente, los microorganismos. Se coge con las dos manos, en situación erguida y realizando el ahínco con los 2 brazos. En España todavía se usan poco.

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